Historia

¿Cómo era la vida de aquella Buenos Aires pequeña? El centro poseía edificios típicamente urbanos, como los de las ciudades europeas. En el campo, más allá de los pocos cascos de estancias, los edificios más numerosos eran ranchos. Pero había otro tipo de edificio, muy escaso pero significativo por su tamaño: el caserón, una suerte de mansión, con numerosas habitaciones y con arquitectura colonial.

En el siglo XIX esta gran casona de la original calle San Fermín, hoy Carlos Calvo, perteneció a una familia de la aristocracia argentina que ocupó un papel singular en la vida política y social de su tiempo. Esta familia usaba su casona del centro, una quinta en la zona de la Recoleta y una Chacra en San Isidro.

Cada uno de estos caserones tiene su historia particular, que no llega a  traducir un modo definido de vivir en el centro de la ciudad. El Caserón puede ser urbano, suburbano o rural: su arquitectura es introvertida, integrada al medio y favorece un modo de vida reconcentrado en sí mismo e interactivo con el paisaje al estar rodeado de jardines. De estos grandes caserones, no quedan muchos: gran parte de ellos han desaparecido hace ya más de un siglo, aunque su memoria quedó fijada en telas como las de León Pallière y de Eduardo Sívori y en obras literarias como la novela “Amalia” de José Mármol.

El caserón también era una residencia temporaria de la familia y de huéspedes… especialmente por varios motivos, entre ellos los políticos. Más allá de tales ocasiones, la casona era, habitualmente, un lugar de descanso: vida placentera en pleno corazón de la ciudad, escenario de encuentros políticos, artísticos y de animadas tertulias estivales.

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