Tango

Buenos Aires es la indiscutida capital del tango, Meca de algunos jóvenes que dibujan su sentir poético sobre un pentagrama o que aprontan su garganta para cantar.

El espíritu del tango y sus máximos exponentes, como Carlos Gardel, Troilo, Piazzolla, Goyeneche, D´Arienzo y Pugliese, están presentes en cada rincón de la ciudad y se manifiestan hoy en las letras; en la música (especialmente en el bandoneón) y en el baile (el que se ve en los shows y el que se practica en las milongas).

Los primeros bailes europeos que vinieron a Argentina fueron el vals y la polka. De Habana, Cuba, vino una contradanza llamada la habanera, un baile con ritmo cubano-español. La habanera y la polka influyeron el baile argentino llamado la milonga, que surgió como una canción con improvisaciones. Otro baile que influía el tango era el candombe de África.

Buenos Aires está repleta de tanguerías con orquestas y bailarines en vivo, donde se practican los diferentes estilos: milonguero, Canyengue, de salón, de escenario o “fantasía” y hoy en día es importante la influencia del tango electrónico y moderno, cuyos representantes son Bajofondo, Tango Club, Gotan Proyect, San Telmo Lounge, Tanghetto, entre otros y orquestas típicas con arreglos modernos como: Sexteto milonguero, la Orquesta Fernández Fierro, Color Tango y El Arranque, entre otros.

Los lugares de mayor realce tanguero cuentan con espectáculos en vivo  y suelen incluir cena show, con la posibilidad de optar entre la especialidad de carnes argentinas o un menú internacional. Entre ellos se encuentran Madero Tango; Piazzolla Tango y la Esquina Carlos Gardel, entre otros.

El Tango empezó en los burdeles de Buenos Aires, Argentina, durante el año 1880. Se trató de una música eminentemente popular, rechazada y prohibida por las clases altas y la Iglesia Católica, por lo que se desarrolló en los barrios pobres de los suburbios (los arrabales), los puertos, los prostíbulos, los bodegones y las cárceles, donde confluían los inmigrantes y la población local, descendientes en su mayoría de indígenas y esclavos africanos.

Hoy en día Buenos Aires cuenta con más de 70 milongas (lugares donde se va a bailar). Las milongas están distribuidas en toda la ciudad, donde hay clubes de barrio, centros culturales, academias y grandes salones con refinadas decoraciones y orquestas en vivo. En estos espacios encontramos diferentes públicos, las hay para jóvenes, no tan jóvenes, milongas queers, jubilados y muchas de ellas brindan clases a cargo de profesores especializados, antes del baile.

Para que el tango muera, será preciso que el Río de la Plata desaparezca de la faz de la tierra. Como eso no ocurrirá, tampoco desaparecerá el tango. Seguirá reinventándose como lo hizo siempre.

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